¿Sabías que los bebés pueden aprender idiomas antes de nacer?

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El aprendizaje de idiomas comienza mucho antes del primer “mamá” o “papá”. Investigaciones en neurociencia han demostrado que el cerebro del bebé empieza a procesar sonidos del lenguaje mientras aún se encuentra en el vientre materno. Durante el embarazo, el entorno sonoro se convierte en el primer espacio de estimulación lingüística. La voz de la madre, las conversaciones cotidianas y hasta las canciones forman parte de las primeras experiencias. Mismas que moldean el desarrollo del cerebro. Entender este proceso nos permite valorar la importancia de la estimulación temprana desde una perspectiva científica y consciente.

Alrededor de la semana 18 a 20 de gestación, el sistema auditivo del bebé comienza a desarrollarse, y hacia el tercer trimestre ya puede percibir sonidos externos, aunque filtrados por el líquido amniótico. Ciertamente, la voz materna se convierte en el sonido más claro y repetido. Esta exposición constante permite que el cerebro fetal empiece a diferenciar ritmos y entonaciones. No se trata de comprensión de palabras, sino de reconocimiento auditivo.

Estudios han mostrado que recién nacidos modifican su ritmo de succión al escuchar el idioma que oían durante la gestación, lo que confirma que existe memoria prenatal del lenguaje. Esto evidencia que el aprendizaje de idiomas inicia con la familiarización sonora mucho antes del nacimiento.

¿Qué aprende realmente un bebé dentro del útero?

Dentro del vientre, el bebé no aprende vocabulario ni reglas gramaticales. Lo que desarrolla se sensibilidad a los patrones del lenguaje.

Entre los elementos que comienza a registrar están:

  • La musicalidad del idioma.
  • El ritmo de las frases.
  • La repetición de sonidos frecuentes.
  • Las variaciones emocionales en la voz.

Por ejemplo, los idiomas tienen melodías distintas: el español posee un ritmo silábico marcado, mientras que el inglés tiene un patrón acentual diferente. Estas diferencias pueden comenzar a percibirse incluso antes del nacimiento. 

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La ventana de oro para aprender idiomas en la primera infancia

Después del nacimiento, el cerebro atraviesa una etapa conocida como “periodo sensible” para el lenguaje. Durante los primeros años, la plasticidad cerebral permite crear millones de conexiones neuronales por segundo. En esta etapa, los bebés pueden aprender idiomas de forma natural, sin traducción y sin esfuerzo consciente. Absorben sonidos, estructuras y significados a través de la interacción diaria.

Ciertamente, cuanto más temprano se expone el niño a un segundo idioma en un entorno afectivo y constante, mayor será su capacidad de pronunciación y comprensión futura. Esta ventaja disminuye progresivamente con la edad, por eso la primera infancia es considerada una etapa privilegiada para el aprendizaje lingüístico.

El poder de la interacción emocional en el aprendizaje del lenguaje

El cerebro infantil aprende mejor cuando existe conexión emocional. No basta con colocar audios o videos; el lenguaje necesita interacción humana.
Cuando un adulto habla mirando al niño, gesticula, sonríe y responde a sus balbuceos, se activan múltiples áreas cerebrales relacionadas con la comunicación y la regulación emocional.
La seguridad afectiva reduce el estrés y permite que el cerebro se concentre en explorar sonidos y significados. De esta forma, el aprendizaje de idiomas se convierte en una experiencia natural y placentera.

Estimulación adecuada vs. presión temprana

Es importante diferenciar entre estimular y exigir. También, la estimulación adecuada consiste en ofrecer oportunidades de exposición al idioma mediante experiencias significativas.
Algunas estrategias efectivas incluyen:

  • Leer cuentos en diferentes idiomas.
  • Cantar canciones repetitivas.
  • Integrar palabras extranjeras en rutinas diarias.
  • Jugar con imágenes y sonidos.

La presión académica, en cambio, puede generar rechazo o ansiedad. El objetivo no es que el niño “domine” un idioma a temprana edad, sino que lo incorpore de manera natural como parte de su entorno.

Beneficios cognitivos de aprender idiomas desde pequeños

El aprendizaje temprano de idiomas no solo fortalece la comunicación, sino que impacta el desarrollo cerebral global. Diversos estudios relacionan el bilingüismo con:

  • Mayor flexibilidad cognitiva.
  • Mejor capacidad para resolver problemas.
  • Mayor control atencional.
  • Desarrollo más sólido de funciones ejecutivas.
  • Mayor sensibilidad cultural.

Además, los niños expuestos a más de un idioma suelen mostrar mayor facilidad para aprender otros en el futuro, ya que su cerebro se vuelve más adaptable a nuevos sistemas lingüísticos.

El entorno educativo como impulso del aprendizaje de idiomas

Las guarderías y centros infantiles cumplen un papel fundamental en esta etapa de alta plasticidad cerebral. Cuando el idioma forma parte del juego, la música, las rutinas y la interacción social, el aprendizaje ocurre de forma espontánea.
Un entorno estructurado, pero afectivo, permite que el niño escuche, imite y practique sonidos en situaciones reales. El aprendizaje significativo no surge de la repetición mecánica, sino de experiencias vividas.

Conclusión

Los bebés tienen una capacidad extraordinaria para aprender idiomas incluso antes de nacer. El reconocimiento de sonidos en el vientre materno marca el inicio de un proceso que se potencia durante los primeros años gracias a la plasticidad cerebral y a la interacción afectiva.
Crear un entorno rico en lenguaje, juego y conexión emocional permite que el aprendizaje fluya de manera natural y sólida. En el CDI EuroAmericano, se promueve el desarrollo de idiomas desde los primeros años mediante experiencias significativas y estimulación adecuada.

» Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.» Ludwig Wittgenstein